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O Algarve

Bienvenido al Algarve

Algarve. Hacia donde quiera que vea, los colores de la sierra y del mar están siempre presentes, en una acuarela donde destacan puntos dorados, verdes y azules. La región es extensa y apacible, con clima mediterráneo, marcada por los olores del mar y de las flores silvestres.

Un paseo a pie por el laberinto de calles, callejuelas y escaleras del interior algarvío es la mejor forma de conocer esta zona de la región. Piérdase también en la inmensidad de la franja litoral, teniendo como fondo las más bellas playas de Europa, donde se avistan los recortes de las rocas y acantilados de las sombras que dejan en la arena.

Después del encanto del paisaje, los aromas y sabores de la cocina tradicional algarvía. Menú confeccionado con pescado y marisco, como la caldeirada de pescado o la cataplana de almejas, o con toda la tradición de la comida de la sierra, como los cocidos de legumbres y coles.

El elenco de ofertas pasa también por las famosas delicias regionales, representadas por el higo, la almendra, la algarroba y el aguardiente de madroño, destilados en las zonas de la sierra en viejos alambiques de cobre.

Atravesar el Algarve, erguido entre lugares de gran interés ecológico, ricos en biodiversidad y ecosistemas, es caminar por siglos de tradición, aún hoy intacta. La artesanía que los artesanos algarvíos elaboran hábilmente, recurriendo a técnicas ancestrales, se manifiesta en la alfarería, cestería, en las piezas de cobre, latón y en los trabajos de lino y de yute.

A dos pasos de la tranquilidad del interior, las animadas noches algarvías. Bares, discotecas, puertos deportivos y casinos aseguran la diversión de los más juerguistas.

El patrimonio construido es otro punto de parada obligatoria. La arquitectura de las casas encaladas, con platabandas coloridas y chimeneas de belleza inigualable, los campanarios de las iglesias y los museos, que revelan fragmentos de los antepasados del pueblo algarvío, contribuyen a la singularidad de este destino.

Se recomienda también la práctica de deportes al aire libre, ya sea en los verdes campos de golf, en las infraestructuras que la región ofrece para la actividad física, en la costa o en los montes algarvíos, que después de los rigores del invierno, y antes aún de los primeros indicios primaverales, se visten de un blanco rosáceo, debido a los almendros en flor que salpican el horizonte.

El retrato de un Algarve que le espera, todo el año.

Actualizado el: 21-10-2014

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  • Turismo de Portugal